TE EXPLICAMOS CÓMO EDUCAR PARA FORTALECER LA VOLUNTAD

por: Estudio 7 Valencia

04 oct, 2019

En Estudio 7 tenemos un compromiso con la EDUCACIÓN. Consideramos que educar a los niños y jóvenes es un ejercicio de responsabilidad que se inicia en la familia, se extiende en el entorno social y se prolonga en la escuela. En ese orden.


Somos conscientes de que algunos padres -afortunadamente, una minoría- delegan toda su responsabilidad educadora en los maestros y profesores, sin ser conscientes de que las bases de una formación sólida se asientan siempre en la familia. Podemos llegar a entender que el ritmo de vida acelerado, el estrés laboral, la necesidad de realizar múltiples tareas cotidianas convierta el día a día en una vorágine difícil de controlar, hasta el punto de que la función educativa familiar puede suponer una carga añadida dado que requiere dedicación y tiempo; es entonces cuando,en lugar de disfrutar e interactuar con los hijos en un clima de bienestar, se impone la ley de la practicidad, el ahorro de medios para evitar el sobreesfuerzo.


Como consecuencia de estas circunstancias limitadoras, se cometen errores.


Una de las actitudes erróneas más frecuentes es la tendencia generalizada a facilitar la vida a nuestros hijos, a resolver sus pequeños o grandes problemas en lugar de enseñarles a valerse por sí mismos; tal es así que ya empieza a detectarse una disonancia entre la edad cronológica de los chavales y su edad mental. En términos alimentarios, es como si se prolongara por tiempo ilimitado la etapa en que es necesario triturar la comida para facilitar la ingesta -aun cuando ya han aparecido las muelas del juicio-.


Trasladada esta comparación a la vida cotidiana, observamos cómo de unos años a esta parte tareas que en otra época nos parecían habituales a una cierta edad se han convertido en acciones tutorizadas hasta extremos insospechados: el muchacho que a sus quince años necesita a sus papás para rellenar un impreso de matrícula, o adquirir su propio material escolar…chavales que acuden con sus progenitores a revisar sus exámenes y reclamar más nota…adolescentes que necesitan que un adulto les despierte para iniciar su jornada de estudio, que les prepare el desayuno, que les lleve en coche al colegio cuando el desplazamiento es de quinientos metros, que les ordene su cuarto…


Quizá estas situaciones tienen lugar cuando los padres tiramos la toalla, nos rendimos ante el esfuerzo que supone ser constantes ante la exigencia y acabamos facilitándoles estas insignificantes tareas: comenzamos recogiendo sus juguetes cuando son pequeños y seguimos ordenando su ropa, su agenda y su propia vida en la adolescencia. Sin pretenderlo, estamos impidiendo el desarrollo de sus capacidades y frenando el proceso de aprendizaje. Estas actitudes de sacrificio y abnegación por parte de los progenitores conducen, a la larga, al fracaso de los hijos y a la esclavitud permanente de los padres.


Hay que tener en cuenta que la carencia de hábitos responsables en la infancia y adolescencia forja individuos débiles en la etapa adulta. Por el contrario, el entrenamiento en costumbres que requieran esfuerzo sirve para preparar el camino y capacita a la persona para desempeñar en el futuro múltiples funciones con menos pesadumbre.


El remedio es sumamente fácil, aunque requiere dedicación y constancia: nos referimos a la EXIGENCIA, la necesidad de marcar límites, de establecer normas, de crear modelos de comportamiento, de pautar responsabilidades… Sin reparos, sin miedo a ejercer la autoridad inherente al hecho de ser padres. Se trata en definitiva de proporcionar un entrenamiento para la vida adulta, del mismo modo que un preparador físico exige al corredor de fondo un esfuerzo constante antes de participar en la carrera. La recompensa es la medalla de oro. Merece la pena.


Nuestro ruego a los padres de niños y adolescentes es el siguiente: NO INTENTEN ALLANAR EL CAMINO A LOS HIJOS. Los pequeños tropiezos y frustraciones son inherentes al aprendizaje y si, además, van acompañados de una reflexión conjunta acerca de cómo salvar obstáculos, estamos fortaleciendo su voluntad. Podemos asegurarles que ellos mismos serán los primeros en agradecérselo cuando sean realmente conscientes (eso suele suceder cuando se alejan del nido) Y entonces valorarán que esa actitud incómoda de los padres era un gesto de amor y de responsabilidad.


EL MEJOR PADRE NO ES AQUEL QUE APARTA LAS PIEDRAS DEL CAMINO, SINO EL QUE ENSEÑA A SU HIJO CÓMO ESQUIVARLAS.

 

El Rincón

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