¿ES POSIBLE BRILLAR EN LA MADUREZ?

por: Estudio 7 Valencia

29 nov, 2019

Hoy, en Estudio 7, os explicamos cómo disfrutar de una de las etapas más interesantes de la vida: la época madura.

Fijaos bien que hemos dicho “disfrutar” y no “sobrellevar”, como es común en los programas de ayuda personal, porque entendemos que el paso de los años, más que una carga, es una oportunidad que se abre en nuestra vida, una nueva etapa que puede ser fascinante en lugar de convertirse en un tránsito a la decrepitud.

Hay una corriente de opinión generalizada que afirma que, al traspasar la barrera de los cincuenta, nos volvemos invisibles. ¿Es realmente así? En Estudio 7 creemos que la visibilidad es una cuestión de actitud. Veamos por qué.

 


Si nos centramos en aspectos físicos, es evidente que vivir deja huella y la imagen que proyectamos en el espejo nos satisface cada día menos. Salvo que seamos adictos al quirófano, resulta difícil disimular arrugas, manchas en la piel y otros efectos ocasionados por la ley de la gravedad.

Ante estos cambios tenemos dos opciones: lamentarnos o asumirlos. Teniendo en cuenta que el lamento es altamente improductivo, será mejor optar por la aceptación. Aunque siempre se puede avanzar un poco más y considerar que la madurez nos brinda otras oportunidades que no están relacionadas precisamente con la exhibición de un cuerpo de pasarela.


¿Es realmente la madurez una etapa propicia para seguir creciendo a nivel personal? En Estudio 7 os queremos demostrar que a partir de los cincuenta se abre todo un abanico de oportunidades de triunfo. Si estáis dispuestos a mantener un espíritu activo, os invitamos a poner en práctica siete claves que os brindarán la posibilidad de brillar en la madurez:

 

Aceptar la imagen que nos devuelve el espejo. Se trata de desterrar la idea de que juventud y belleza van de la mano. Muchas personas resultan más atractivas en la madurez que en la juventud porque proyectan una seguridad y un aplomo que antes no tenían. De hecho, la mirada, la sonrisa, el lenguaje corporal, en definitiva, delatan a la persona. Si un hombre o una mujer tienen un elevado concepto de sí mismos, inevitablemente estarán irradiando positividad y esta actitud resulta altamente interesante a los ojos de los demás.

 


No abandonarse a la idea de la resignación. Hay personas que se sienten aterrorizadas ante la idea de cumplir años, porque tienen grabado a fuego que a partir de una determinada edad se inicia un camino hacia la decrepitud. Incluso cuando el cuerpo ya no responde de la misma manera que antes, hay que revertir el concepto de decadencia. Se trata simplemente de reconocer los cambios fisiológicos que se producen para tener en cuenta los cuidados específicos que nos ayudarán a sentirnos bien: vigilar la alimentación, realizar ejercicio físico y llevar a cabo controles de salud periódicos. Y dejarse querer.

 

Alimentar la mente. La madurez lleva implícita la acumulación del saber; además, el cerebro humano está capacitado para seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida, de manera que nuestra mente puede mantenerse joven durante mucho más tiempo que nuestro cuerpo. Sólo es necesario alimentarla y, en este sentido, cada cual tiene que diseñar un proyecto de aprendizaje permanente. Estamos hablando de programar el futuro, no de anclarse en el pasado. Esa proyección incrementará la ilusión por vivir e iniciar planes que resulten motivadores.

 

Aprovechar las vivencias anteriores para no cometer los mismos errores. La perspectiva que nos da la edad facilita el poder hacer balance de éxitos y fracasos. Si adoptamos una actitud positiva, en lugar de instalarnos en la queja sobre lo que pudiera haber sido, podemos aprovechar el aprendizaje para no tropezar de nuevo con las mismas piedras y, sobre todo, para permitirnos incluso el poder reírnos de nosotros mismos y relativizar los problemas de antaño. Por otra parte, puesto que el cerebro es adaptativo, la madurez nos permite ser más flexibles en nuestros pensamientos e incluso cambiar aquellas creencias que no nos han ayudado en otra época; en definitiva, liberarse de ataduras improductivas.


• Saber disfrutar de la vida en toda su plenitud. Puesto que la experiencia ya nos ha confirmado que la felicidad absoluta no existe, estamos en una posición privilegiada para evitar el ansia por alcanzar algo etéreo. Lo que entendemos por felicidad podría decirse que es el cúmulo de pequeños buenos momentos: permitirse caprichos de vez en cuando, disfrutar en libertad obviando la opinión de la gente, deshacerse de complejos absurdos, tomar decisiones sin sentirnos presionados ni aleccionados por nadie, rodearse de personas interesantes que aporten valor a nuestras vidas y no supongan un lastre. Es el momento de ser selectivos y elegir con quién queremos o no pasar nuestro tiempo.

 


Proyectar la experiencia acumulada sobre los demás. En la madurez es fundamental asumir una responsabilidad a la que estamos obligados por el hecho de vivir en sociedad: devolver el aprendizaje acumulado en forma de enseñanza a las generaciones que nos siguen. La transmisión de conocimientos y de experiencias es un objetivo necesario para el avance social. Y, además, produce una gran satisfacción personal.

 


Ser conscientes de nuestra capacidad de atracción. Seguridad, libertad, confianza en uno mismo, equilibrio interior, aceptación, pasión por vivir...son ingredientes que despiertan sensaciones de atracción en los demás. Es importante reconocer la admiración que despertamos al irradiar armonía. Esta actitud incrementará nuestra autoestima y nos permitirá vivir la madurez como una nueva etapa que, lejos de cerrar un ciclo, será la antesala de otro quizá mejor.


Acéptate como eres y saca todo el jugo a tu potencial humano, independientemente de tu edad. Apasiónate por la vida. Siempre hay tiempo para aprender, tiempo para disfrutar y tiempo para amar. Todas tus metas están en ti y no tienen una fecha marcada en el calendario.

 

El Rincón

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