EL FUTURO DE LOS HIJOS: UNA DECISIÓN TRASCENDENTAL

por: Estudio 7 Valencia

06 nov, 2019

Hoy, en Estudio 7, vamos a intentar ayudaros a reflexionar acerca del futuro de vuestros hijos (cuando hablamos de hijos, involucramos también a los familiares que tienen un vínculo estrecho con ellos, pues a todos incumbe su educación).

Una de las decisiones más importantes en la vida de un adolescente es elegir los estudios que determinarán su futuro.

Damos por sentado que la formación de una persona no debe finalizar con la adolescencia, ni siquiera cuando se ha conseguido el título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria en torno a los 16 años. ¿Por qué decimos esto? Por dos razones fundamentales: la primera tiene relación con el momento socio-económico-laboral en que nos encontramos y con los requerimientos que se exigen para ocupar un puesto de trabajo; en este sentido, es evidente que cuantos más estudios se hayan completado, más posibilidades de encontrar un empleo digno existirán. La segunda razón es de índole particular: la formación es una fuente de enriquecimiento personal indiscutible.

Ahora bien ¿cómo se toma la decisión de elegir los estudios? Y sobre todo ¿quién debe adoptar esas decisiones, los padres o los hijos?

Habrá padres que opinen que en la adolescencia no se ha adquirido todavía la madurez suficiente para tener una perspectiva de futuro y, por lo tanto, son ellos quienes han de trazar su camino basándose en la búsqueda de lo más conveniente para el hijo. Y tienen razón, puesto que una característica general del comportamiento del adolescente es la inmediatez y la falta de planificación a largo plazo.

Seguramente otros padres pensarán que son los hijos quienes han de decidir sobre su futuro y preferirán darles la autonomía suficiente para que planifiquen su vida atendiendo a sus propios intereses. Tampoco vamos a restarles razón.

Entonces ¿cómo debemos actuar para no equivocarnos? Puesto que nos encontramos ante un dilema importante y controvertido, señalaremos algunas claves para esta toma de decisiones:


1. Hablar y escuchar: Es cierto que los adolescentes dependen emocional y materialmente de los padres; es cierto que un padre responsable siempre pretenderá lo mejor para su hijo, pero también habrá que escuchar cuáles son los intereses del joven, ya que existen muchas posibilidades de fracasar si se estudia una carrera por imperativo familiar o por satisfacer los intereses de los progenitores; por lo tanto, es necesario poner sobre la mesa todas las cuestiones que puedan afectar a unos y otros. Resultará inviable, por ejemplo, estudiar Medicina en Columbia si los ingresos no lo permiten, como también resultará inviable pretender que el hijo sea piloto de aviación si tiene pánico a las alturas.


2. Valorar el perfil del estudiante: Resulta obvio que las capacidades de cada persona son diferentes; habrá que valorar en el joven sus actitudes y, sobre todo, sus aptitudes. En este aspecto, es fundamental que reflexione sobre sí mismo, sobre sus gustos y sus posibilidades de éxito. No hay que confundir las aficiones favoritas de un adolescente con las habilidades para desempeñar una profesión determinada. Para conocer en profundidad las condiciones de las que parte un estudiante, existen unos indicadores que le permitirán valorar cuáles son las habilidades en las que destaca y las materias que le resultan más motivadoras (si no disponemos de las herramientas suficientes para estudiar estos aspectos en familia, será necesario consultar a los expertos o recurrir a espacios web adecuados; actualmente se pueden consultar test online sobre intereses profesionales y universitarios; a modo de ejemplo: http://www.aplicaciones.info/utiles/optestun.htm)

 

3. Visualizar el futuro: ¿cómo se imagina su vida a largo plazo? ¿qué modelo de profesional le gustaría ser? En muchas familias prima un deseo de continuidad para mantener la tradición familiar: cuando el abuelo fue notario y el padre lo es en la actualidad, se espera que su hijo siga por el mismo camino; de igual modo ocurre con los negocios familiares: es lícito desear que una empresa familiar cuente con herederos que la perpetúen y para ello se pretende elegir una formación que permita rentabilizar ese negocio. Pero no siempre coincide oportunidad con interés, por lo tanto, debe ser el joven quien manifieste sus perspectivas de futuro, siempre contrastando sus opiniones con la experiencia de los mayores.


4. Adoptar perspectivas realistas. A veces, las expectativas suelen ser demasiado altas o, por el contrario, cabe la posibilidad de que los hijos no se valoren lo suficiente. Cuando el enfoque sobre las capacidades del joven sea dispar o se perciba una cierta dificultad para ser objetivos -algo bastante habitual- es el momento de pedir opinión a los expertos: tutores y orientadores educativos que conozcan la trayectoria del alumno. Evidentemente, cuando se plantea el futuro a largo plazo, a los padres les gustaría tener a un Messi en la familia o a una Julia Roberts de la escena. Habrá que centrarse en la viabilidad del proyecto.


5. Informarse acerca de los planes de estudios. Es esencial saber qué le espera al joven en cada etapa y conocer de primera mano los planteamientos de las diferentes carreras universitarias o ciclos formativos. La mayoría de los centros organizan “Jornadas de puertas abiertas” que permiten comprobar “in situ” sus planes de estudios. Es muy recomendable realizar esas visitas e informarse sobre las diferentes materias que se estudian en cada carrera o ciclo formativo, así como la metodología que se utiliza.


6. Establecer un orden de prioridades teniendo en cuenta los intereses personales y las salidas laborales. Aun cuando se tenga una visión clara del futuro estudiantil y laboral, es posible que tropecemos con algunas barreras antes de comenzar, ya que no siempre es posible elegir la opción deseada. Si se opta por la enseñanza pública, hay que tener en cuenta que las Universidades y los centros de FP cuentan con números clausus que determinan las notas de corte para acceder; por lo tanto, habrá que pensar en opciones alternativas que no se desvíen en exceso de los objetivos iniciales para evitar la frustración que podría suponer el no ser admitido en una determinada carrera.


7. Contemplar el derecho a equivocarse. ¿Qué ocurre si la decisión adoptada es errónea? Hay que contar con la posibilidad de iniciar un determinado tipo de estudios y comprobar al cabo de un tiempo que no cumplen con las expectativas deseadas.
Nuestra recomendación en estos casos es evitar la tensión y el drama familiar. Por mucho que los padres hayan focalizado su interés en una determinada opción académica, hay que pensar siempre que el protagonista es el joven que ha de llevar a buen término sus estudios.

 

Para obtener el éxito deseado en un proyecto de vital importancia como es la planificación de estudios, es imprescindible que exista una motivación, que la persona que lo ha de llevar a cabo disfrute del proceso de formación y que sea consciente de su proyección futura; de manera que los padres deberían intervenir en sus decisiones a modo de orientadores, sin imponer sus criterios a toda costa. Diálogo y reflexión deben ser las premisas fundamentales en este proceso.

Les proponemos escuchar las palabras del profesor y escritor Nuccio Ordine acerca de la elección de los estudios vinculados a la carrera profesional. Plantea una forma de enfocar el camino de los jóvenes, aunque no la única, evidentemente:

 

 

El Rincón

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